Ilusión.

Hoy mientras estoy en el trabajo sin nada que hacer (para variar últimamente :P) me he dado cuenta de que cada vez escribo menos por aquí. Supongo que el hecho de abrirme el blog, fue en gran medida como parte de una “autoterapia”, para tener la facilidad de poder expresarme y dejar los pensamientos que me atormentaban aquí, ya que de otro modo me era imposible.

Y en verdad creo que ha hecho su efecto, cada vez escribo menos porque cada vez me atormento menos. Y cada vez me atormento menos porque tengo muchísimas cosas buenas en las que pensar.

Desde que he tomado la determinación de tener una actitud positiva con respecto a la vida, me siento mucho más madura, y sobre todo mucho más feliz. Y ahora sé que podré conseguir todo lo que me proponga, con esfuerzo, dedicación, pero lo más importante… con ilusión.

Puede resultar raro, y hasta yo misma me sorprendo, pero nunca había tenido tanta ilusión. Y sólo con eso ya sé que voy por el buen camino.

Go Ro! 🙂

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Hacia lo salvaje.

“No debes sentir lo que sientes, no debes pensar lo que piensas, no debes actuar como actúas. Debes cambiar, está mal, está mal.”

Una y otra vez, martilleando en la cabeza. Ocupando el espacio de los buenos pensamientos, de las ilusiones, de los sueños. Y todo porque no piensas y actúas como los demás, como es “normal”. Hace poco vi un programa en la tele, en el que gente que viste como le da la gana, y que le gusta vestir así, cambia de look para agradar a los demás, para tener mejor relación con su entorno. ¿Estamos locos o qué? Veo normal que un trabajo te exijan una determinada forma de vestir, pero ¿tu familia y amigos, tu pareja? Flipé. Y realmente después pensándolo, tampoco vi que fuera tan lejano a lo que muchas veces hacemos. Quizá no en la forma de vestir, pero ¿y en nuestra forma de ser?

Estuve tanto tiempo preocupándome por ser normal, por encajar, que se me había olvidado lo fantástico que es ser diferente, y encontrar personas que también lo son. Que no tengan miedo a lo que opinen los demás.  Echo tanto de menos a la niña que restaba importancia a los problemas, que sonreía y contagiaba la sonrisa a su alrededor. Esa niña que esperó a hacer cosas que los demás hacían, que alargó su infancia lo máximo posible y que se sentía orgullosa de ello. Esa niña que un día cuando le preguntaron por qué no salía de fiesta y se emborrachaba contestó: “Porque ya tendré tiempo para hacerlo. Ahora no me da la gana.”. Hasta que llegó el día en el que la tontuna adolescente se apoderó de ella, y se perdió.

Pero eso se acabó. Es hora de sacar a esa niña de nuevo. Se acabó esconderse tras la chica a la  que todo le parece bien, que no dice lo que piensa, que no actúa en consecuencia. Soy como soy, no soy perfecta, tengo mil defectos y manías, pero quien esté a mi lado tendrá que aceptarme como soy, y quien no, no me cambiará. Nunca más.

“No tenéis ni idea de lo alto que puedo llegar.

Sentenció con un portazo, y no la vieron nunca más.

Cada golpe que le dieron, era una cuenta atrás.

Y ahora corre hacia el bosque, su fortaleza, su nuevo hogar.

Ha elegido caminar, hacia lo salvaje.”

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Tipos de felicidad.

Hace poco le dije a alguien que nunca volvería a pasarlo tan mal, que no lo iba a permitir. Y después al pensarlo, me reí sola en la habitación cual gilimema, porque me di cuenta de la gilipollez enorme que había soltado. Lo pasaré igual de mal y probablemente peor, ya que para tener momentos buenos tiene que haber también malos. Y es en los malos momentos, cuando te descubres a ti mismo, cuando ves de lo que eres capaz.

En estos días he descubierto que no existe sólo un tipo de felicidad. Cuando se acaba esa felicidad que crees plena, es cuando crees que ya no tienes nada por lo que disfrutar,  que tu vida a partir de un momento va a ser triste y desgraciada. En  ese momento tu mente se abre, empiezas a ver y sentir las pequeñas cosas, aquellas que dabas por hecho, que te daban igual. Disfrutas de un olor, una sonrisa, una palabra amable, un paseo, una charla…

Puede que añore una felicidad pasada, pero me encanta esta tranquilidad. La tranquilidad de la conciencia tranquila, de haber luchado por lo que quería y haber aceptado un final inevitable. Nada es eterno, ni siquiera lo malo. Y es por eso por lo que ahora no sólo oigo las canciones, las escucho. No sólo bebo una cerveza, la saboreo. Porque tenemos que agarrarnos en esas  sensaciones, explotarlas y sacar lo positivo de todo lo posible.

Y es que felicidad no hay sólo una, hay tantos tipos como etapas en la vida. Aceptar y exprimir al máximo la que te toca vivir, es la base para poder alcanzarla.

amelie