Reflexiones de un lunes cualquiera.

Son muchas las veces en las que, desde hace un tiempo, me sorprendo pensando y diciendo en voz alta cosas que jamás pensé que diría o pensaría.

Siento que tanto la percepción como las bases de mi propia vida están cambiando a una rapidez increíble. Es como si esté despertando de un sueño y me haya puesto a andar sobre el camino que ya estaba predispuesto para mí.

Y es en días como hoy cuando me paro y me pregunto si no me estaré equivocando, si lo que estoy haciendo no será traicionarme a mí misma, tirando por la borda todos mis sueños… o si únicamente lo que me está pasando es es que estoy madurando en otra etapa de mi vida. Pero pensando en ello, me pregunto… ¿cuáles han sido y son mis sueños?

Lo cierto es, que mi sueño en la vida nunca ha sido el llegar a lo más alto en mi carrera, ni dar la vuelta al mundo viajando, ni tan si quiera formar mi propia familia. Creo que mi meta, triste y simple ha sido siempre, sentirme capaz. Hace un tiempo consistía en demostrar a los demás, a mi familia, a mis compañeros, a mis parejas. Esto hacía que inconscientemente volcara en ellos todo el peso de mi estabilidad emocional, frustrando con ello tanto mis propósitos como las propias relaciones. Cuando me di cuenta, empecé a enfocar todos estos esfuerzos en demostrarme a mí misma, apoyándome sin dependencias en los demás. Y gané mucho, conseguí eliminar lo tóxico de mi entorno y avanzar en mi vida.

Sin embargo, sigue habiendo un problema de base, y es que sigo teniendo  esa necesidad de demostrarme a mí misma, sintiendo ese miedo a fallar que me frena a continuar. Y es que en el fondo siempre he sentido que no puedo, siempre me he creído inferior.

En todas estas etapas me he ido conociendo, entendiendo y queriendo a mi modo. Pero es un largo camino, en el que inevitablemente aún tendré que convivir con muchos momentos en los que querré darme por vencida y recurrir a viejas costumbres. No pasa nada, soy humana, no soy perfecta, y poco a poco me reconciliaré conmigo misma hasta el punto de borrar por completo ese miedo.

Hasta entonces seguiré trabajando duro, y dando gracias por todo lo bueno que me rodea, que puedo asegurar que no es poco 🙂

 

PD.: Llevaba muchísimo tiempo sin utilizar el blog para abrirme así, y no recordaba lo bien que sienta. Siento la chapa si alguien es capaz de leerlo xD.

Buenas noches! 🙂

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18.

Parece mentira que haya cambiado todo tanto en un año.
Se me hace eterno eterno pensar en cuando tenía que sacarme una carrera.
Solo hace unos meses que soy ingeniera, después de tantos días sin creerlo, tantos momentos de querer abandonar, tantos momentos de frustración, tantos días y noches de agobio puro.

Y se acabó.

¿Y sabéis que he descubierto?

Que no pasa nada.
Nada más que más de lo mismo, más retos, más problemas, más soluciones, más lágrimas, más frustraciones, más satisfacciones. En definitiva, más de todo y menos de nada.

¿Pero sabéis qué más?

Que hay más allá. Que detrás de cada problema, la solución es trabajo, constancia, ilusión. Que siempre habrá gente buena y mala, gente que te quiera pisar y gente que te quiera ayudar, pero lo importante es irse a la cama con la conciencia tranquila. Que nada va a salir como estaba planeado, pero absolutamente todo sirve.
Que no tengo que demostrar nada a nadie.

He construido pilares importantes y sólidos, pero el pilar que lo sujeta todo soy yo. Y si yo no estoy bien nada lo estará.

Y que pase lo que pase y acabe donde acabe, todo pasa, todo llega. Tan sólo hay que seguir nadando.

Nolite te bastardes carborundorum, bitches.

Ana y Mía.

Ana y Mía las llaman, sorprendente nombre, inofensivo ¿verdad?. Nada más lejos de la realidad…

Poco puedo decir sobre ellas, ya que por suerte no me ha tocado vivirlas, sólo estuve cerca y pude verlo. Pude notar lo fuerte que es, lo fácil que hubiera sido rendirme, y lo tremendamente difícil que es salir. Y sobre todo, pude ver que no son Ana y Mía, no son amigas, son enfermedades, serias, duras, mortales.

Me gustaría compartir este artículo porque me parece una forma diferente de tratarlas, más desde dentro. Y además me gustó la descripción que da, en concreto esta frase:

“La guerra es brutal porque es contra uno mismo.”

Las chicas de Malawa: una mirada delicada al hondo pozo de la anorexia.

Es justamente eso, una guerra interna, que destruye todo a su paso. Y que afecta no solo a la persona sino también a su entorno.

Pero como toda lucha tiene un final, y por muy difícil que sea se puede y se podrá siempre ganar. No más Ana y Mía.

 

Relaciones sanas.

Hace poco leí una entrevista a una chica que confesaba estar enamorada de su novio, que le amaba por encima de todo, decía. Hasta ahí puede parecer todo normal. Mi sorpresa fue al escuchar frases como:

“Todo lo que me pasa es gracias a él”

“No hubiera sido capaz sin él”

“No puedo estar más de X horas sin hablar con él”

“Nunca podría amar más a alguien”

Y así, una retahíla de frases que a oídos del público provocaba caras de “Oh qué bonito” ¿Bonito? Sí, claro. Para una película de antena 3 de un domingo por la tarde, en la que todo es idílico y azucarado. Pero por favor, no en la vida real.

Vaya por delante que entiendo que cada relación es distinta, y que cada uno la lleva como le da la real gana, pero creo que ese fervor casi enfermizo dista mucho de poder llamarse amor. Y eso no sólo hace que una relación acabe sino que te anula como persona.

Y me da miedo que se vea como normal algo que considero que no debería serlo, no tanto por esa chica en particular, sino por todas aquellas que la miran y quieren ser como ella, imitando su forma de ser y de “amar”.

Que conste que cuando la escuché me vi muy reflejada en esas palabras, y por eso mismo lo rechacé de este modo, con lo que puede que mi opinión esté contaminada por mi propia experiencia. Pero en cualquier caso, me alegro de ya no pensar así, y haber cambiado el concepto de relación. Ahora para mí una relación sana es aquella que te hace feliz sin anularte, que complementa tu vida, que suma y no resta,  y de la que no se tiene la convicción de que sea eterna. Porque nada es para siempre.

Feliz domingo 🙂

Judías verdes.

“Se te hace bola, como las judías verdes.”

Eso me dijeron el otro día, refiriéndose al estrés.

Y joder, cuánta razón, qué malas están… pero bueno, cierro los ojos y me las como.

¿Por qué lo demás va a ser diferente? A veces te jode, te duele, te cuesta horrores, te consume, y quieres mandarlo todo a la mierda.

Pero lo haces, y ya está.

Porque al final ver el plato vacío y saber que has podido, merece la pena.

Cierra los ojos, tápate la nariz, y no lo pienses, sólo hazlo. Porque al final habrá merecido la pena. O eso espero…

 

Qué va! 😉

Ostiazo is coming.

Como podéis comprobar, cada vez tengo menos tiempo, menos ganas y sobre todo menos necesidad de escribir. ¿Eso es bueno, no? Pero hoy, domingo, he decidido relajar mi mente antes de destrozar alguna otra.

Y es que no lo puedo evitar. Hay determinadas formas de ser (o incluso podría llamarlas de “no ser”) que me pueden. Se dice que uno siente una especie de instinto de protección cuando ve reflejado a su yo del pasado en alguien. A mí me produce unas casi irreflenables ganas de soltar la colleja más que merecida.

En fin, a todos aquellos que se parecen a mí hace un par de años, sólo puedo deciros (o mejor bien pensarlo, que los ‘spoiler’ están muy mal vistos):

OSTIAZO IS COMING.

Pero tranquis, si todo va como debe… os sorprenderéis descubriendo que vuestra verdadera vida, está apunto de empezar.

Y para amenizar, esta canción. Que últimamente me ha dado mucho por Bebe (quien me lo habría dicho con poco que me gustaba), pero bueno, considero que es una bonita canción, pero sobre todo una intensa letra, digna no sólo de escuchar, sino también de entender 🙂

 

 

Sed felices.

 

Respirar.

“Cada uno en su mundo siente su dolor como algo inmenso”

 

Encontrar esta canción ha sido por casualidad. Estaba enfrascada en organizarme la semana, el mes, la vida, el futuro. Uno de esos momentos de estrés máximo, de ansiedad pura… Y me ha hecho pararme a escucharla, y sonreír. No es una canción especial, simplemente era la canción necesaria, en el momento adecuado.

Me ha hecho pensar en todas las tonterías que nos desestabilizan y nos hacen sentir las personas más desgraciadas del planeta y qué pocas veces miramos a nuestro alrededor y comparamos nuestros motivos con los de los demás. Sí, sé que en teoría queda muy fácil y al final no lo es, que lo nuestro es nuestro y lo que duele duele.

Pero quizá no sea mala idea proponérselo, propongámonos dejar de lamentarnos, agradecer las mil cosas maravillosas que tenemos, la gente buena con la que contamos, y disfrutar de todo aquello. Respirar.