18.

Parece mentira que haya cambiado todo tanto en un año.
Se me hace eterno eterno pensar en cuando tenía que sacarme una carrera.
Solo hace unos meses que soy ingeniera, después de tantos días sin creerlo, tantos momentos de querer abandonar, tantos momentos de frustración, tantos días y noches de agobio puro.

Y se acabó.

¿Y sabéis que he descubierto?

Que no pasa nada.
Nada más que más de lo mismo, más retos, más problemas, más soluciones, más lágrimas, más frustraciones, más satisfacciones. En definitiva, más de todo y menos de nada.

¿Pero sabéis qué más?

Que hay más allá. Que detrás de cada problema, la solución es trabajo, constancia, ilusión. Que siempre habrá gente buena y mala, gente que te quiera pisar y gente que te quiera ayudar, pero lo importante es irse a la cama con la conciencia tranquila. Que nada va a salir como estaba planeado, pero absolutamente todo sirve.
Que no tengo que demostrar nada a nadie.

He construido pilares importantes y sólidos, pero el pilar que lo sujeta todo soy yo. Y si yo no estoy bien nada lo estará.

Y que pase lo que pase y acabe donde acabe, todo pasa, todo llega. Tan sólo hay que seguir nadando.

Nolite te bastardes carborundorum, bitches.

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9.

Hoy se cumple un año del peor día de mi vida. El día en el que sentí perder el gran pilar que sustenta mi familia, y mi vida entera.

Y un año después, aún a pesar de los cambios y el estrés recientes, no puedo dejar de agradecer cada momento regalado desde entonces.

Te quiero mamá.


 

17.

Último día del año, y parece mentira, se me ha pasado volando.  Este año he alcanzado algunos objetivos y he fracasado en otros, pero siento que he avanzado hacia la dirección que me propuse así que el balance es positivo. Sobre todo lo que destaco de este año es que he sido más “tía Rocío” que nunca, he descubierto lo gratificante que es que te digan te quiero, que cuenten contigo aun estando lejos. Y quiero que sea siempre así, quiero formar parte de sus vidas, y que cuenten conmigo siempre.

Además cómo no, también me he ido alejando de personas que no me aportaban nada. Cada vez me cuesta más hacer el esfuerzo de conservar personas en mi vida. Siento que si requiere esfuerzo, entonces no aportan lo suficiente. Puede que me esté volviendo una antisocial, una rancia, qué se yo. Pero estoy feliz así, hago lo que me nace y paso mi tiempo con quien quiero y con quien lo merece.

Se acaba un año, pero muchas cosas sólo acaban de empezar, y puede que el 17 sea mi año, puede que se avecine un gran cambio, es posible…

¡Feliz 2017!

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Un suspiro acompasado.

Parece que hace un mundo desde la última vez que escribí. Necesitaba este verano, lejos y con ellos. Puedo decir que no echaba de menos nada de lo que dejé atrás. Y sin dudarlo cogería un avión y volvería ahora mismo. Pero todo lo bueno se acaba, y como siempre, vuelve a la rutina.

A pesar de todo miro adelante y veo esa pequeña luz.

Y aunque despacito, sé que llegaré.

Ruge el deseo contenido.

 

 

 

 

 

Amigos de verdad.

Me maravilla y encanta a la vez esa facilidad de hacer que cualquier plan sea perfecto. Que cualquier excusa valga para reírse… de lo bueno, de lo malo, del mundo, de nosotros mismos. Soltarlo todo en una carcajada tras otra.

Algunos se van, otros aparecen. Y te hacen sentir bien, momentáneamente, quien sabe si por más tiempo. Pero vosotros siempre habéis estado ahí, y ojalá de algún modo siempre sea así.

Os estoy eternamente agradecida por estar ahí, por haberos quedado en mis malos momentos, por aguantar mis días inaguantables, por darme esa confianza plena, por dejarme ser yo misma siempre…

En definitiva, os agradezco estar ahí y hacerme la vida más feliz.

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Ana y Mía.

Ana y Mía las llaman, sorprendente nombre, inofensivo ¿verdad?. Nada más lejos de la realidad…

Poco puedo decir sobre ellas, ya que por suerte no me ha tocado vivirlas, sólo estuve cerca y pude verlo. Pude notar lo fuerte que es, lo fácil que hubiera sido rendirme, y lo tremendamente difícil que es salir. Y sobre todo, pude ver que no son Ana y Mía, no son amigas, son enfermedades, serias, duras, mortales.

Me gustaría compartir este artículo porque me parece una forma diferente de tratarlas, más desde dentro. Y además me gustó la descripción que da, en concreto esta frase:

“La guerra es brutal porque es contra uno mismo.”

Las chicas de Malawa: una mirada delicada al hondo pozo de la anorexia.

Es justamente eso, una guerra interna, que destruye todo a su paso. Y que afecta no solo a la persona sino también a su entorno.

Pero como toda lucha tiene un final, y por muy difícil que sea se puede y se podrá siempre ganar. No más Ana y Mía.

 

Relaciones sanas.

Hace poco leí una entrevista a una chica que confesaba estar enamorada de su novio, que le amaba por encima de todo, decía. Hasta ahí puede parecer todo normal. Mi sorpresa fue al escuchar frases como:

“Todo lo que me pasa es gracias a él”

“No hubiera sido capaz sin él”

“No puedo estar más de X horas sin hablar con él”

“Nunca podría amar más a alguien”

Y así, una retahíla de frases que a oídos del público provocaba caras de “Oh qué bonito” ¿Bonito? Sí, claro. Para una película de antena 3 de un domingo por la tarde, en la que todo es idílico y azucarado. Pero por favor, no en la vida real.

Vaya por delante que entiendo que cada relación es distinta, y que cada uno la lleva como le da la real gana, pero creo que ese fervor casi enfermizo dista mucho de poder llamarse amor. Y eso no sólo hace que una relación acabe sino que te anula como persona.

Y me da miedo que se vea como normal algo que considero que no debería serlo, no tanto por esa chica en particular, sino por todas aquellas que la miran y quieren ser como ella, imitando su forma de ser y de “amar”.

Que conste que cuando la escuché me vi muy reflejada en esas palabras, y por eso mismo lo rechacé de este modo, con lo que puede que mi opinión esté contaminada por mi propia experiencia. Pero en cualquier caso, me alegro de ya no pensar así, y haber cambiado el concepto de relación. Ahora para mí una relación sana es aquella que te hace feliz sin anularte, que complementa tu vida, que suma y no resta,  y de la que no se tiene la convicción de que sea eterna. Porque nada es para siempre.

Feliz domingo 🙂